“Hay vida después de cualquier miedo”

​Lo que no mata engorda. Y además te hace más resiliente. Nuestro cerebro, ese órgano de kilo y doscientos gramos donde nacen el amor y las ideas, la ternura y la angustia o esa increíble capacidad del ser humano para levantarse y seguir, ha sido diseñado para sobrevivir y ser feliz. La pregunta es: ¿cómo prepararlo?

​La neuropsiquiatra Rafaela Santos llegó al concepto de resiliencia gracias al trabajo previo de Viktor Frankl, un dintel romano y una visita a una farmacéutica alemana. Veinte años de trabajo han hecho el resto: ante la depresión y la ansiedad, la clave no es paliar, la clave es prevenir. Su última aportación es una aplicación que ayuda a gestionar el estrés. ¿Eres resiliente?

​¿Cómo define la resiliencia?

La resiliencia es la capacidad de superar las dificultades y los reveses de la vida sin quedarse atrapado en el sufrimiento y el dolor, saliendo fuerte y airoso de esa vivencia. Todo el mundo tiene la capacidad de ser resiliente, pero hay que desarrollarla. A veces, por la educación recibida, por la sobreprotección, o por mil factores diferentes, podemos carecer de ella, pero todos la tenemos.

​Según sus estudios, un tercio de la población es más resiliente que el resto. ¿Cómo lo saben?

​En su día hicimos una escala de cien items, reflejados en diez dimensiones. A la hora de validarla nos pareció que era muy extensa, por eso diseñamos una reducida, de cincuenta. Sobre ella acabamos de presentar una nueva aplicación descargable, Checking Stress​, que te ayuda a descubrir en qué dimensiones flojeas y cómo hacerte un traje a medida para ver qué facetas tienes que desarrollar. Este trabajo es el resultado de veinte años de experiencia, la escala lleva más de cinco años en funcionamiento.

Lleva más de veinte años trabajando sobre este tema. ¿Qué ha descubierto sobre el ser humano que no sabía antes?

​He aprendido muchísimo. Soy psiquiatra desde hace más de treinta años y durante mucho tiempo he ejercido la profesión al uso: una persona llega a la consulta, se le diagnostica y se le prescribe un tratamiento. El problema es que muchas veces la gente recae. Siempre había pensado que teníamos que buscar algo inherente al ser humano, en las raíces de esa persona, no solamente en los síntomas. La depresión, ​por ejemplo, es diferente en cada persona.

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